Sábado 18 Agosto 2018

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El coste de oportunidad

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El concepto de coste de oportunidad se puede aplicar a muchos ámbitos, desde a nuestras inversiones, los negocios que podamos llevar a cabo, hasta nuestras finanzas personales.

Friedrich von Wieser fue el creador de este concepto económico. Apareció en su publicación “Teoría de la economía social”, en 1914. Parte de la base de que las necesidades económicas (de un país, una empresa, una familia, una persona… En definitiva, una unidad o agente económico) son ilimitadas y los recursos para satisfacer estas necesidades son limitados.

 

 

Por tanto, el coste de oportunidad también recibe el nombre de “valor de la mejor opción no realizada”. Debido a que siempre deberemos renunciar a algo.

¿Qué es el coste de oportunidad?

Es simplemente aquello a lo que debemos renunciar al tomar una decisión de tipo económico. No es posible comprarlo todo, invertir en todo, conseguir todo. Los recursos son limitados y deberemos escoger.

Entonces, el valor de lo que hemos renunciado es lo que representa el coste de oportunidad. Este concepto es una de las bases de la economía. Puesto que las decisiones se toman partiendo del valor de lo que escogemos y de lo que renunciamos (comparando las opciones que tenemos a nuestro alcance).

El coste de oportunidad se pone de manifiesto en la elaboración de un presupuesto familiar. Siempre tendremos que elegir entre destinar el dinero mensual en unos fines u otros. Debido a que nuestros ingresos no son suficientes para abordar todos los costes.

Según la valoración de lo que esperamos conseguir con la opción elegida (en las inversiones se mide en términos de rentabilidad) y el valor de la opción que desechamos, podremos destinar nuestros recursos de un modo eficiente.

El coste de oportunidad

Importancia del coste de oportunidad

Tanto las empresas como las personas tienen que tomar decisiones de inversión y de financiación. El objetivo es obtener la mejor ventaja posible. Es decir, obtener la mayor rentabilidad.

Todo ello pasa por escoger la opción que minimiza el coste de oportunidad. En otras palabras, escoger la opción con mayor valor para nosotros. De esta forma se optimizan los recursos disponibles.

Si, por ejemplo, tenemos unas acciones en cartera que nos rinden un 5% anual y necesitamos realizar una reforma de nuestra casa. Tenemos varias opciones:

  1. Vender las acciones y con el dinero conseguido realizar la reforma.
  2. Pedir un préstamo bancario y dejar las acciones como garantía.

¿Qué opción puede ser la más interesante? Dependerá de la valoración o la ventaja que obtengamos en cada una de las opciones.

Si vendemos las acciones perderemos una revalorización anual (prevista) de un 5%. Mientras que si pedimos un préstamo bancario deberemos pagar intereses por la financiación.

De modo que, mientras estos intereses no sean superiores a la rentabilidad esperada por las acciones (un 5% anual), siempre nos será más barato escoger la financiación bancaria antes de deshacernos de una parte de nuestro patrimonio que nos aporta una rentabilidad superior.

Por otra parte, también deberemos tener en cuenta el impacto fiscal de las decisiones, el horizonte temporal y las previsiones futuras de rentabilidad, inflación y tipos de interés. Pero grosso modo, esta sería una buena base para comenzar a tomar una mentalidad de un buen gestor.

Teniendo presente en nuestras vidas el coste de oportunidad estaremos en disposición de tomar buenas decisiones financieras.

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