Sábado 18 Agosto 2018

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¿Qué es un activo? ¿Y un pasivo?

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Un activo es un bien o un derecho que se posee. Por el contrario, un pasivo representa una obligación.

En términos jurídicos estos conceptos se utilizan para definir los derechos y obligaciones de las partes de un negocio. Por ejemplo, pensemos en un contrato.

 

 

Si dos (o más) personas llegan a un acuerdo, lógicamente de ese acuerdo derivarán una serie de derechos para algunos y obligaciones para el otros.

Supongamos una compraventa. Desde luego, el derecho del comprador es recibir el bien comprado, pero a su vez tiene la obligación de pagar el precio.

Desde el punto de vista del vendedor, tendrá como derecho recibir el precio y entregar el bien como obligación. Justo lo contrario.

Por lo tanto, se puede concluir que un derecho para una persona genera una obligación para la otra. Lo que representa un derecho para nosotros es una obligación para otros y viceversa.

En el lenguaje jurídico se denomina sujeto activo a aquél que tiene un derecho. Al que tiene la obligación se le llama sujeto pasivo. En un contrato, ambas partes actuarán como sujeto activo y como sujeto pasivo según qué cláusulas.

Lo que se pretende explicar con esta introducción es que con “activo” nos referimos a poseer un derecho. En cuanto a “pasivo”, todo lo contrario, tener una obligación.

Activo

Los activos

Pasando al plano económico, una persona (o una empresa, una institución, etc.) normalmente tiene una serie de bienes, derechos y obligaciones. Todo este conjunto se conoce como patrimonio.

Los bienes son posesiones materiales que podemos vender y convertirlas en dinero. Tienen un valor económico que podemos utilizar a nuestro favor, por eso son un activo. También se pueden alquilar para que nos generen rentas, es decir, conseguir derechos económicos.

El dinero en sí mismo también es un activo, nos puede generar derechos en forma de intereses.

Pensemos en un dinero que nos tienen que abonar. En este caso, no tenemos el bien en sí mismo, pero tenemos el derecho de cobro

En definitiva, todo aquello que poseemos y que puede generarnos derechos económicos es considerado como un activo.

Los pasivos

Por otra parte, es posible que tengamos una serie de préstamos bancarios o facturas por pagar. En este caso lo que tenemos es una serie de obligaciones. Contablemente a todo esto se considera un pasivo.

Al igual que los activos nos pueden generar más ingresos, los pasivos también tienen una serie de gastos en concepto de intereses. Es recomendable tener los pasivos bajo control o los gastos que estos generan amenazarán nuestro equilibrio financiero.

El balance y el patrimonio

Para hacer una valoración exacta de qué es lo que tenemos, debemos cuantificar los activos, hacer lo mismo con los pasivos y posteriormente restarlos. El resultado es el patrimonio neto.

Un patrimonio neto negativo indicará que estamos técnicamente en bancarrota. No tenemos bienes suficientes para hacer frente a nuestras deudas. Lo normal es que se tenga un patrimonio neto positivo.

En el mundo empresarial realizan estas tareas mediante un balance. Se trata de un documento contable que, por una parte, tiene los activos valorados económicamente y ordenados conforme su liquidez. Por otro lado, realiza lo propio con los pasivos, esta vez ordenándolos conforme a su exigibilidad (el plazo de devolución). El resultado de restar ambos conceptos es el neto patrimonial.

Balance

Esto permite saber en todo momento cómo evoluciona el patrimonio y a qué ritmo. Qué elementos tienen un mayor peso y qué pasivos deberemos reducir con mayor urgencia.

Realizar un balance económico personal es una de las primeras tareas para una planificación de nuestras finanzas personales.

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